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jueves, 29 de marzo de 2012

Amigos de Peniche

"Amigos de Peniche" es una expresión común en Portugal la cual significa "no fiarse de los falsos amigos" o "gente poco legal". Pero la procedencia de este significado se debe a un momento histórico, la llegada del ejército inglés a Portugal en 1589 para ayudar al ejército portugués enfrentarse a los españoles. Hecho que se produjo de la manera mas inesperada para los portugueses pero muy común en el transcurso de la historia, y es que el ejército inglés lejos de ayudar al ejército portugués, aprovecharon la ocasión para arrasar con todas las riquezas, allí donde los ingleses ponían el pie y casualmente, el primer punto de inicio se produjo en la fortaleza de Consolação de Peniche, continuando posteriormente a otras localidades hacia el Sur.



Aprovechando los estudios para "algo", os muestro una ruta que he realizado junto con mi colega André Peixoto, alias "a marmotinha de Guinxo" para poder descubrir en bicicleta los puntos donde los ingleses se pusieron las botas y de paso conocer los puntos paisajísticos e históricos más importantes del "concelho" de Peniche.

Disfrutar de la historia al mismo tiempo que se disfruta del día, os lo dice vuestro amigo...de Peniche.

jueves, 19 de enero de 2012

Naturaleza

Los campos están repletos de flores amarillas y tréboles
Ayer salimos de nuevo en bicicleta por el Barragem de S.Domingos. Hizo un día precioso, parecía primavera. A medida que nos adentrábamos en aquel paraje dejábamos de oír los ruidos de la ciudad para encontrarnos con los de la naturaleza. Lo primero que vimos fueron unas ovejas y unas cabras pastando, alrededor campos de coles. Esta vez el terreno estaba seco, sólo nos encontramos con pequeños charcos o barrizales que pudimos esquivar y no pringarnos. Pasamos por debajo de pinos, eucaliptos, encinas y robles. Casi llegando al final vimos dos cisnes, uno negro y otro gris, que se echaron a volar al notar nuestra presencia. Una vez encontramos el final del camino nos paramos a descansar un ratín. Nos sentamos y contemplábamos aquel sitio privilegiado, rodeados de campos, flores, árboles, el lago y silencio. Sólo oíamos como saltaba una rana al agua, y veíamos como los peces se movían cerca de la superficie. Tumbados veíamos el cielo azul, sin nubes, en calma. Cuanta paz y tranquilidad, qué placer. Lucas se hubiese quedado ahí hasta el atardecer. Nos pusimos en pie y vimos otro rebaño de ovejas pastando que se acercaba rápidamente, así que nos apresuramos a salir de allí. De nuevo en ruta vi a un conejito cruzar el camino con pequeños saltitos, qué bonito era. También vimos patos nadando, uno de cabeza verde. En una de las bajadas más fuertes Lucas tomó velocidad y a su lado bajaba volando una garza, increíble. Y justo en ese momento yo escuché algo que se movía entre los arbustos. Buf, cuánta vida hay en ese lago. Llegando al final vimos unas cuantas gaviotas bañándose y tomando el sol en la orilla de este paraje. ¡Ah! y saliendo de casa vimos un halcón.

Sitio ideal para ir de picnic
Fue un día fantástico, naturaleza, sol, entrenamiento para El Camino y al llegar a casa arroz negro para comer. Rico, rico.


domingo, 18 de diciembre de 2011

Barragem de São Domingos

¡Por fin! Esta vez salir por terreno desconocido nos permitió pasar una mañana de lo más divertida y sin sobresaltos.

La noche anterior ya planeamos la salida, pero al despertarnos estábamos un poco perezosos. Tardamos dos horas en despajarnos y preparar todo lo necesario para la expedición. Ya disfrazados salimos de Peniche en dirección Atouguia da Baleia para encontrarnos con el Barragem de São Domingos, que tantas veces hemos visto desde el coche.


El camino que bordea el pantano es de tierra y debido a las lluvias algunos tramos eran puro barro con unos surcos impresionante. Los tramos secos transcurrían entre pequeñas subidas y bajadas. En la ribera había muchos hombres pescando. También vimos una escuela de piragüismo practicando por el lago, cuatro ciclistas y un motorista de cross. Aunque nublado, el día estaba precioso.




En cada pedalada nos sentíamos mejor y con ganas de descubrir completamente aquel paraje, pero avanzábamos sin ver el final o sin un puente que nos condujese a la otra orilla del lago. Llegados a unas ruinas decidimos parar para contemplar las preciosas vistas y admirar la paz y tranquilidad que nos rodeaba. Ni una gota de viento, el agua calmada y ningún ruido, sólo los sonidos de la naturaleza.


Tras unos minutos de pausa decidimos volver por el mismo camino ya que se estaba haciendo tarde. La vuelta fue más rápida y el grado de "pringue" aumentó. Nos llenamos de barro hasta las cejas, literalmente. Uno de los momentos cumbre en la expedición fue cuando nos cruzamos con un rebaño de ovejas justo en el tramo con los surcos de barro más profundos. Las ovejas estaban comiendo en el lugar exacto donde se podía pasar sin mancharse. Fue entonces cuando a mí se me clavó la rueda en el barro, frenando en seco y sin darle tiempo a Lucas a rectificar su camino, por lo que pasó por mi lado rozándome ligeramente. Intenté mantener el equilibrio pero mi reacción fue soltar la bici para no rebozarme en el barro. El rebozado sólo lo sufrieron algunas partes de la bici y las zapatillas mientras salía de aquella trampa. El resto del camino fuí con una sonrisa de oreja a oreja. Me lo pasé realmente bien subiendo y bajando entre árboles y atravesando charcos oyendo el chup chup del fango en las ruedas. 

Poco después salimos al asfalto y dimos con la Iglesia de Nossa Sra. da Conceição en Atouguia da Baleia.



De aquí a Peniche el trayecto transcurre por carretera y algún camino entre huertos. La última parada antes de llegar a casa fue en un lavadero para lavar las bicicletas.

Ya en casa, limpitos y empezando a notar los músculos doloridos, cocinamos unos fabulosos carapaus escabechados.


Esta vez hicimos alrededor de 30 km, pero no acabamos de dar la vuelta al pantano. La próxima saldremos antes de casa para que nos dé tiempo a realizar una etapa entera semejante a las que nos esperan. Parece que ya hemos encontrado una ruta para entrenar lo que nos hemos propuesto para febrero de 2012.



martes, 22 de noviembre de 2011

Cómo sobrevivir a una salida en bicicleta por terreno desconocido y no morir en el intento

Llevábamos tiempo pensando en salir con la bicicleta y descubrir parte del territorio que nos rodea. Los amigos portugueses nos habían hablado del Lago de Óbidos y al ver que nos estaba demasiado lejos decidimos aventurarnos y visitarlo. Nuestro objetivo era disfrutar de una jornada ciclista y finalizarla con sardinhas y vinho verde.

Islote en Baleal
Salimos de casa sobre las 10h. El tiempo era bueno para andar en bicicleta, soleado y temperatura agradable. Estábamos muy contentos y con muchas ganas de explorar.
La primera parada fue en Baleal, un islote que se ha unido a la península formando una playa, a la cual le han hecho una mini carretera de un sólo carril.  Baleal está muy cuidado, son todo casitas marineras reformadas, perfectas para recibir a turistas surfers, buceadores y demás. Las vistas desde allí son preciosas. Dimos la vuelta a la población y continuamos con nuestra ruta.

Hostal en Baleal
Buscábamos un camino que fuera lo más próximo a la costa, sin perder de vista el océano. Atravesando Casais do Baleal Lucas se percató que la cubierta de su rueda delantera tenía varias úlceras. Podía ser peligroso continuar el camino. Tras varios minutos barajando posibilidades ganó la siguiente: - tenemos todo el día, si me quedo sin rueda delantera nos volvemos en taxi. Al menos hay que intentarlo-.

De modo que continuamos con la marcha por un camino. Llegamos a lo alto de un acantilado rojizo impresionante, parecía Marte.
"Marte"
 La playa estaba llena de surfers. Decidimos parar a almorzar, teníamos buenas vistas y el destino parecía estar cerca. Para salir de allí tuvimos que retroceder un poco, pero al fin llegamos a otro camino entre huertos de coles. Poco después llegamos a una carretera de asfalto, (menos mal, del traqueteo me empezaban a picar los brazos) y con un gran bosque alrededor. Lo siguiente que vimos eran mansiones típicas de películas americanas. Mientras descendíamos alucinábamos con las casitas y el entorno idílico, hasta que nos encotramos con el hotel de lujo "Marriott". Resulta que todo lo que estábamos viendo y lo que vimos en los siguientes kilómetros es lo que se conoce como Praia D'El Rey Marriot Golf & Beach Resort.
El calor ya empezaba a apretar y creo que fue lo que nos conllevo a tomar una decisión arriesgada. Continuamos el camino por unas dunas y después campo a través pensando que encontraríamos un camino por encima de los acantilados. Sin embargo, optamos por descender hasta la playa para retomar un supuesto camino. El descenso a la playa fue crítico porque estábamos a unos 2,5m de altura y la caída podía ser peligrosa ya que la arena estaba dura y podíamos caer mal o sobre alguna piedra. Después de tanta duda a mi me entró miedo, así que Lucas decidó pasar a la roca de enfrente porque se podía descender a la arena sin peligro. No obstante, antes debíamos cruzar una pequeña grieta entre las dos rocas. Saltó Lucas, le pasé las bicis y después salté yo. Me temblaban las piernas y creo que fueron los minutos más largos de mi vida. Una vez en este lado, lanzamos las bicicletas a la arena y bajamos comodamente. ¡Por fin, arena firme!

Ahora sólo esperábamos encontrar una salida de la playa por camino o carretera. Sin embargo, no veíamos ni surfers ni ningún ser humano. Era muy raro. Estuvimos caminando un par de km. con la bici arrastras por la arena que se hundía. Los pies se empezaban a llenar de arena, el calor iba aumentando y se acabó el agua. El grado de desesperación iba aumentando.


 A lo lejos veíamos surfista, buena señal, pero alcanzarlos nos llevó su tiempo. Lucas se dió cuenta que había pinchado la rueda delantera y que el cable del cuentakilómetros se había roto. Más imprevistos. Por fin, llegamos a la zona de surfista. A lo lejos ondeaba una bandera de helados, qué alegría! Quiero un agua, por favor! Pero sólo fue una ilusión, el bar estaba cerrado. Los ánimos estaban por los suelos, el calor era agobiante, a mi me dolía la cabeza y las moscas no paraban de estorbar. Lucas tenía que cambiar la cámara de la bici. Menos mal que había gente y pudimos preguntar. Según las indicaciones que nos dió un chico muy majo, parecía que estábamos cerca. Tras 1 km. de subida por camino de tierra y el sol de frente llegamos al asafalto rodeado de pinar, gran alivio. Al poco, descubrimos el Lago de Óbidos. Una imagen preciosa. Valió la pena el "sufrimiento".


Lago de Óbidos

Ya eran cerca de las 15:30 y estábamos tan cansados y sedientos que sólo queríamos agua y descansar un poco para recuperarnos y volver a casa. Media hora de descanso fue suficiente. La vuelta fue por carretera y descubrimos otro Golf & Beach Resort en construcción. Es alucinante la de bosque que han talado, pero las vistas son alucinantes. Un valle súper verde con vistas al océano precioso.
Para celebrar el éxito hicimos la última parada en Baleal, para refrescarnos con un calipo de cola, no sin antes poner la guinda al pastel con una caída de 10 sobre arena. Descender las escaleras con la bici sobre suelo de arena lo que conlleva es una gran caída con voltereta por encima de la bici. Una caída elegante digna de especialistas.
Al final la vuelta nos costó 1h:35 minutos por carretera.

   
En resumidas cuentas, salir en bicicleta por terreno desconocido implica realizar multitud actividades deportivas como senderismo, montañismo, rapel, lanzamiento de bicicleta, andar unos cuantos km. por la playa y recorrer en 5 horas lo que a la vuelta nos ha costado 1:30h. Pero al fin llegamos!!!



* Haciendo click encima de la imagen se pueden ver las fotos en grande ^.^